lunes, 28 de julio de 2025

Un rostro para Anna ¿Es una crítica al idealismo o solamente una comedia?

 

Un rostro para Anna ¿Es una crítica al idealismo o solamente una comedia?

Un rostro para Anna se presenta en su premisa y ejecución como, indudablemente, una comedia paraguaya, que nos cuenta sobre Miguel Peña y sus tribulaciones buscando a aquella mujer de nombre Ana Pérez quien le escribía cartas pero nunca le revelaba un detalle personal, parte a la ciudad a buscar 5 mujeres que comparten ese nombre pero ninguna resulta ser ella, al final resulta que la mujer que escribía esas cartas se llamaba Mabel y había hecho todo como un experimento para humillarlo, pues Mabel no cree en el amor romántico y quería demostrarle a su víctima sobre la banalidad de su búsqueda.

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Poster de la obra

 

Un rostro para Ana es una comedia teatral (por estructura, por el tono, por la reacción del público), pero bien la obra no debería limitarse a ello, La sátira no es gratuita; hay una intención profunda detrás del desconcierto del protagonista, una crítica al idealismo romántico del protagonista.

La obra presenta un elenco variado, como se observa ya desde la sección preliminar donde se listan los personajes. Sin embargo, las cuatro mujeres que comparten el nombre de Ana tienen algo esencial en común: una individualidad muy marcada. Las mujeres comparten una experiencia en común, lidian con algún tipo de dolor emocional causado o acompañado por los vínculos de pareja y las circunstancias individuales que rodean a cada una.

Pese a las risas del público, ya sea por las situaciones presentadas o la manera en la que los actores las ejecutan, es importante encontrar las palabras de cada mujer presente, el espectador de ojo más atento completa la sinergia de elementos que representa cada escenario, un prostíbulo, un espacio de trabajo, una puesta en escena con un hombre en silla de ruedas, con una llamativa manta que refuerza el hecho a priori de que el hombre está lesionado y la postal de una mujer melancolice sentada en una mesa repleta de varias botellas vacías de alcohol, cada una representa un contexto emocional pero, por sobre todo, un contexto emocional también distinto

¿Miguel no pudo lidiar con la realidad o solamente no pudo lidiar con su desamor? Miguel sale de su burbuja, su campo, su madre con sus imposiciones y expectativas que no se alinean a la disponibilidad emocional de su hijo y de su espacio de trabajo, afronta la vida con respuestas simples y bastante sesgadas de parte de su madre

Miguel encuentra a varias mujeres que no se alinean en su mayoría con estereotipos convencionales de lo que debería ser una buena mujer, una que se dedica al trabajo sexual, una que sobrepone su búsqueda personal motivada profundamente por la muerte de su marido, una que debe buscar como cumplir con su deseo sexual tras el accidente de su marido y otra en un fatal luto que la lleva al alcoholismo ¿Cómo reacciona Miguel ante ello? Primero se decepciona al no haber encontrado a la persona que creía, posteriormente genera y expresa con pensamientos negativos, que no expresa frente a ellas, comentarios tachándolas con adjetivos negativos a cada una que son mujeres que, indiscutiblemente, pueden representar personas reales. El impacto que tiene cada una en él se ve en la escena final donde la psique de Miguel lo atormenta con la presencia de las mujeres que vio antes, repitiendo estruendosamente ese nombre que empezó su búsqueda.

Para el público le resultan graciosas las escenas y los personajes, pues vino a ver una comedia que realmente no ahonda profundamente en cada personaje y tampoco la obra busca una empatía o completo cariño hacia los personajes. Sin embargo, es una pregunta que no puede evadirse

¿Qué tan seguro estaríamos de no cometer los mismos errores que ellas cometen?

¿Qué tan fácil es no caer en el trabajo sexual si el dinero lo requiere?

¿Qué tan difícil es procurar no huir del mundo real refugiándose en el trabajo?

¿Qué tan difícil es no caer en las adicciones más terribles si uno vive una de las muertes más devastadoras?

 

El acto de Mabel no es justificable, primeramente, puesto que sus motivaciones parten de una vendetta y una catarsis completamente personal que salpica a una persona inocente a la que claramente tenia intenciones de dañar, una lección así sin genuinas intenciones de persuadir de educar o aconsejar a una persona no es más que un ataque crudo y brutal hacia una persona vulnerable.

Sin embargo, si se pusiese en una balanza ¿Qué pudo afectar más a Miguel? ¿Fue la sorpresa que se llevo por la verdadera naturaleza de su salida? ¿O fueron como tal las cosas que se encontró? Pese a que en la obra no tenemos un estimado de cuánto tiempo en medio sucede entre encuentros con las otras mujeres del mismo nombre, hay momentos donde en vez de tener escenas que introducen a los personajes antes de la secuencia donde el protagonista vuelve a tener presencia, tenemos memorias de su pasado, la construcción de como convivía con su madre y las palabras que ella le daba a su hijo, pudiendo ser una forma un poco más sutil  que en medio de estos encuentros tenía reflexiones o pensamientos sobre las cosas que él vivía.

Miguel es, entre tantas cosas, una víctima de su propio idealismo, alimentado por una educación sentimental limitada, una madre dominante y una visión ingenua del amor. Las "Ana" que encuentra representan fracturas en su imaginario romántico, busca en ellas el siguiente paso lógico en su vida y en la personalidad de esas mujeres una acorde a la persona poética y romántica que él conceptualizaba a través de sus cartas.

Mabel expone a Miguel. Su experimento revela lo frágil que es la identidad de alguien que ama una imagen y no a una persona. Es la encarnación de la crítica al idealismo romántico y a la superficialidad de los vínculos fundados en la fantasía.

Es más, los comentarios sobre las mujeres que encontraba se emitieron en la recta final de la obra y todos esos comentarios comparten matices similares, representando así que Miguel los pensó a lo largo del día y no de forma inmediata.

¿Qué causo el intento de suicidio de Miguel? Cómo tal, solo tienen la versión más completa de su pensamiento el autor mismo, quien lamentablemente ya partió de este mundo, su intento de suicidio bien pudo una sátira que apela a la comedia para exagerar, con fines humorísticos, la increíble decepción del desamor; una metáfora sobre la muerte del idealismo de una persona o simplemente el desenlace de la obra misma con fines puramente literarios y narrativos y no el fin de la historia que se contó.

Al final de todo, realmente la búsqueda de Miguel no debió tratarse de poner todas sus esperanzas en una mujer que obviamente no podía verificar que era real, y en general tampoco debió él de completar los espacios vacíos de esa mujer con sus deseos personales, tampoco es el malo de la historia ni debe porque serlo, es una víctima más de su desesperación, de una situación familiar que lo encasillo desde muy pequeño y una madre que tardó mucho en darse cuenta que hizo mal las cosas. Cosa en la que ahí está la respuesta, Miguel no debió partir en búsqueda de esa realidad ideal y utópica que debió, debió enfrentarse a su realidad inmediata

Concluyendo, tampoco se debe pecar de pretencioso, pues si yo quisiese forzar a pos de dar razón a mi comentario, estaría forzando mi realidad al ideal que quiero, un idealismo al que criticaría justamente. Sin embargo, no está de más notar los elementos más crudos y reflexivos que puede presentarnos la obra fuera del marco de la comedia, pues ya que este género no busca analizar completamente una situación, sino buscar rutas y fórmulas para entretener al espectador, entonces queda a cargo del publico trabajar con lo que recibió de esta obra; al final el arte es libre y está sujeto a resonar y generar sensaciones distintas a cada uno.

martes, 8 de abril de 2025

La simplificación esta ahogando al entendimiento completo.

 

Hace poco intenté escribir una reseña de La Gitanilla, una de las Novelas Ejemplares de Cervantes. Había disfrutado mucho de su lectura, de los contenidos literarios y temáticos y quería compartir eso. Sin embargo, a medida que planificaba la reseña, me di cuenta de que el texto se transformaba en otra cosa: yo no hablaba del libro en sí, sino de los temas sociales que yo encontraba en él, intentando defender su valor por el contenido ideológico que podía extraer. Como si el disfrute literario no fuera suficiente. Como si la experiencia de leer necesitara ser justificada con “ideas importantes”.

Este impulso no es solo mío. Está por todos lados. Hoy la cultura y publico nos empuja a buscar lo útil, lo inmediato, lo explicable. En ese camino, muchas veces dejamos atrás lo más valioso: el proceso, la experiencia, la complejidad.

La simplificación de la información, la era del resumen es un hecho. Pero no del resumen como herramienta para comprender mejor, sino como producto final. Aprendimos a convivir con pequeñas dosis de conocimiento listas para usar, que no requieren contexto ni profundidad. Y a veces, que ni siquiera la permiten. Lo importante es tener algo para decir, aunque no sepamos de dónde viene ni a dónde va, comparable a formarse rápido como un soldado listo para ir a la guerra con lo que aprendió.

La filosofía, madre de las ciencias, es una de las grandes víctimas de este fenómeno. En los cursos de ingreso universitario, por ejemplo, se pide explicar a Nietzsche en una línea: “el superhombre es quien trasciende la moral tradicional”. Y nada más. Que Así habló Zaratustra sea una obra literaria, profética, contradictoria, cargada de tensiones históricas, no importa. No se trata de entender, sino de rendir. Y rendir implica reducir.

Ocurre lo mismo con Hegel. Su pensamiento es resumido en la trillada fórmula de “tesis, antítesis, síntesis”. Una tríada que pretende descifrarlo sin tener que enfrentarse al texto real y no termina de explicarse por sí misma. Sin embargo, basta leer su Introducción a la Historia de la Filosofía para ver cómo se trabaja esa idea insiste, una y otra vez, en que las ideas filosóficas no se superan: se integran. Que todo sistema es parte de un proceso continuo. Esa concepción, si se enseñara con honestidad, podría transformar la forma en que pensamos la historia y las escuelas de pensamiento. Pero es más fácil enseñar fórmulas vacías que invitar a leer textos que exigen tiempo, contradicción y paciencia.

Parte del problema radica en la propia lógica industrial que se extiende a todos los campos. Los tiempos son cortos, las exigencias muchas. Se prioriza la retención por sobre la comprensión, y eso hace que incluso los estudiantes más atentos no puedan dudar de si realmente han entendido lo que leyeron.

No se trata de atacar a quien no sabe algo, sino de cuestionar a quienes forman discursos sin haber entendido lo que defienden. Hoy muchas ideas se repiten sin análisis, sin estudio, sin contexto. Se convierten en datos flotantes, incapaces de ser utilizados correctamente para el debate. La simplificación puede ser inmersión valida en un tema, pero si de ser el único camino, se transforma en un riesgo: permite que proliferen discursos mal fundamentados, que no pueden ser debatidos ni defendidos con solidez.

Incluso la crítica hacia esta situación suele quedarse corta. Decimos que vivimos en la “ TikTokización de la información” para referirnos a la superficialidad, pero nos detenemos ahí. No problematizamos la falta de exigencia, ni la renuncia a pensar más allá del titular. Y no está mal que existan formas rápidas y accesibles de transmitir ideas. De hecho, es una gran herramienta para facilitar el conocimiento y la transmisión y enseñanza de estos. Pero indistintamente de si somos creadores o consumidores, necesitamos más profundidad, más análisis, más deseo de comprender.

El problema no se queda en la academia. Afecta también a la forma en que nos acercamos a los temas sociales. Conceptos como feminismo, racismo o clase son reducidos por quienes emiten discursos de odio en chistes que nacen de la desinformación y la poca comprensión. Muchas personas se burlan de lo que no entienden porque nunca se les enseñó que detrás de palabras e imágenes hay luchas y cuestiones más complejas

En esa superficialidad, los discursos reaccionarios crecen. Se apropian del “sentido común” y del escepticismo como banderas. Y frente a la complejidad, ofrecen respuestas simples. No ganan porque sean más inteligentes, sino porque juegan en un terreno donde la complejidad está descartada desde el principio.

La solución no es volver al elitismo intelectual, ni despreciar los formatos breves. La clave está en recuperar el deseo de pensar. En animarnos a volver a las fuentes, aunque cueste. En dejar de confundir datos con argumentos. Y en hacernos preguntas incómodas: ¿es suficiente lo que sé? ¿Entendí realmente esto? ¿Puedo defenderlo? ¿Estoy dispuesto a cambiar de opinión si leo más?

¿Genuinamente vamos a desprestigiar movimientos enteros porque alguien se burló de un dicho que no entendió de buenas a primeras? ¿Vamos a dejar la empatía de un lado? Creo que en el publico de hoy, es importante no saber de buenas a primeras como reconocer nuestra falta de saber, pero empezar a inclinarnos a cuestionar que tanto entendemos, hay que dar los primeros pasos y efectivamente ir paso a paso.

Cuando la demagogia remplaza a la educación

 

La adolescencia es uno de los momentos del desarrollo donde más susceptibles y vulnerables uno es, esa búsqueda de una identidad y un lugar en el mundo. Un factor más catastrófico para un momento tan delicado es como las instituciones fallan en muchos aspectos, en este caso, el de la educación y formación académica y personal de un alumno

Hay dos fallas fatales: la de una educación que prioriza sistemáticamente la aprobación por valores cuantificables y la falta de ética profesional en el profesorado. La verdad, el caso que hoy quiero compartir es afortunadamente lo menos grave de esto.

Cuando era estudiante de 2° ciclo tuve un profesor que hablaba más de sí mismo antes que de su materia, de su posición y visiones en las que desvalorizaba fuertemente múltiples postulaciones de filósofos, simplificaba y renegaba teorías científicas, económicas, políticas, filosóficas hacia un público que en muchos era su primera interacción con algunas de estas ideas, un llamado completo a la omisión de estos temas de los que la biblioteca, los libros escolares no hablaban ni reforzaban, pero aquella crítica hacia la teoría de la evolución, aquella filosofía de Nietzsche o inclusive catalogar el rap cristiano como una forma inadecuada de alabar a Dios, un insulto mismo a un estilo de expresión por ningún motivo en específico más allá de sus nociones.

Y, sin embargo, como él me veía afín a sus ideas, que le expresaba verbalmente mi admiración me tenía un trato hasta distinto, recuerdo que me presumía con otros de sus colegas como un alumno inteligente, más que nada porque yo era afín a sus posturas personales, mas no como alguien diestro en su materia.

Que, hablando de su materia que era música, nunca aprendí de música al final y tampoco por sus medios, lamentablemente muchos alumnos perdieron la oportunidad de abrirse a nuevos conocimientos e ideas que explorar o nunca pudieron conocer el potencial que podía tener la creación de la música, nunca pudieron inspirarse de ello, nunca me vi inspirado en clase desde ese lado.

Que exprese que los profesores no deberían ponerse como ídolos, estrellas o figuras de atención no significa que invalide el uso de sus opiniones y experiencias personales, pues no veo que ambas cuestiones sean incompatibles, el problema sucede cuando en casos como el mío, la enseñanza es completamente remplazada por un discurso que no busca cumplir el propósito de la enseñanza ni de la formación, donde sumado a todo ello se dan postulaciones tan incompletas y con el propósito de desprestigiar ideas de las que no es simpatizante, puesto que estos argumentos más bien resultan ser datos al aire ante que análisis íntegros a las ideas expuestas, una persona solo se queda con las ideas dadas pero difícilmente puede comunicarlas y debatirlas sabiendo que tan poco tiene.

Esta vulnerabilidad se da en cómo nos falla el sistema educativo en darnos los caminos y herramientas para siquiera saber cómo filtrar los discursos dados, la mayoría de alumnos aun no asientan su sistema de valores y creencias, carecen de una epistemología y de metodología y con estas cosas, vuelven a casa con ideas que no terminan de profundizar, pero son desmotivados igualmente de profundizar.

Si algo deseo para el mundo de mañana es que profesores así recuerden su primera razón por las que son empleados, para enseñar y enseñar sobre su materia, pues desear una mejor enseñanza aún es muy lejano y por eso, como persona, propongo primeramente que los profesionales en la educación vuelvan a darle importancia a su propósito primordial.

Afortunadamente, solo se trató de un caso de deshonestidad intelectual facilitada por un sistema educativo paupérrimo y permitida por una ética profesional cuestionable y que pude solventar en mi desarrollo, lamentablemente estas fatales omisiones de las instituciones llegan a cosas objetivamente peores como rozar con la salud física e intelectual de sus alumnos.

 

La clase política, la clase gobernada y la ilusión del ascenso social

 

En Paraguay, el sueño del ascenso social se sostiene sobre una ficción: la meritocracia. Mientras una élite político-económica se asegura privilegios heredados, la mayoría trabaja y sobrevive en un sistema que le promete movilidad, pero se la niega en la práctica. Este artículo examina cómo se perpetúa esa desigualdad estructural.

En sociología se emplean los conceptos de desigualdad y estratificación social para describir el sistema mediante el cual una sociedad clasifica jerárquicamente a los grupos de personas. Estos conceptos son características de la sociedad y no un simple reflejo de diferencias individuales. Este sistema otorga acceso desigual a los recursos y distribuye poder, estatus y riqueza entre las diferentes clases sociales.
En Paraguay, uno de los puntos de inflexión en el análisis de la estratificación social es cuando se empieza a aceptar que las desigualdades no se limitan únicamente a lo económico, sino que también involucran factores como la posición de la persona.

Un problema de la mayoría popular del Paraguay, que vive en un país recientemente urbanizado, tiende a ver el estatus social como una consecuencia del talento y esfuerzo personal, ideal e ilusión cual se refuerza por la naturaleza económica precaria y escasa del sistema laboral.

Sin embargo, la realidad es que este sistema persiste a lo largo de las generaciones, y las desigualdades no solo se mantienen, sino que se perpetúan de padres a hijos. Los padres transmiten su posición social, lo que limita las oportunidades de movilidad social para quienes nacen en sectores más desfavorecidos.

La meritocracia inherente del sistema social paraguayo, reflejado en las exigencias laborales y académicas legitima el sistema tanto como permite que evite una crítica necesaria a este sistema, como se dijo, debido a la naturaleza económica del país donde se vive en un constante estado de supervivencia, este sistema se sustenta por sí mismo.

En este momento nos remitimos a un estudio y apreciación sociológica que es contraria al uso de la acumulación de riquezas como una forma de entender la sociedad.

La lucha de clases, introducida por Karl Marx en el "Manifiesto Comunista", es un concepto central en este debate. Marx explicó que las clases sociales se definen principalmente por la propiedad o no de los medios de producción. En este esquema, la clase proletaria, o los trabajadores que venden su fuerza de trabajo a cambio de un salario, se enfrentan a la burguesía, quienes poseen los medios de producción y controlan las condiciones de trabajo.

Una reinterpretación de esta teoría en Paraguay puede observarse en el ámbito político, donde el concepto de la élite política planteado por Gaetano Mosca introduce una dimensión diferente. Mosca argumentaba que una clase pequeña y organizada siempre dominará sobre una mayoría desorganizada. Este concepto resuena en la sociedad paraguaya actual, donde el acceso a los recursos y al poder sigue estando en manos de una élite económica y política que perpetúa su dominio sobre el resto de la población.

Carla Fabri en su articulo Hurrerismo y adoración explico un fenómeno popular provocado por la desigualdad y las necesidades económicas, el hurrero es quien adula, quien busca hacer carrera rápida, ganar dinero de cualquier forma y ocupar puestos importantes para los cuales no tiene la debida preparación.

Un Médico en Paraguay puede ganar en el sector público una suma de G. 4.600.000, nada más, aunque posiblemente algo menos, la hija de un senador puede ganar un sueldo de 22.000.000 y el presidente de la república la defenderá alegando que la vio confiable para tomar ese puesto.

Eduardo Nakayama señaló, en 2024, que al menos 50 mil funcionarios públicos en Paraguay acceden a beneficios privados, un privilegio que no está disponible para la mayoría de la población. Este fenómeno refuerza la percepción de una clase política desconectada de las necesidades del pueblo, lo que contribuye a las tensiones entre el gobierno y la sociedad civil.

 

La Ilusión de la Meritocracia y la Realidad en Paraguay

Uno de los principales problemas en Paraguay es que el modelo económico actual refuerza la ilusión de la meritocracia, la creencia de que el trabajo duro y el esfuerzo personal son suficientes para ascender socialmente. Este modelo perpetúa un estilo de vida que prioriza el trabajo excesivo y la acumulación de riquezas, dejando poco espacio para cuestionar si estas prácticas son realmente justas o sostenibles.

En un contexto de desigualdad tan arraigado, la supervivencia diaria y la necesidad de mejorar las condiciones materiales son prioridad, lo que reduce las posibilidades de reflexionar críticamente sobre las dinámicas de poder en la sociedad. Bien en el mundo, no es lo mismo vivir en Nueva York, que vivir en Marsella que vivir en la India ni en un pueblo de Sudan.

 

Y así en Paraguay, la realidad no es distinta, pese el aumento de la clase media en los últimos años se ha destacado como un dato positivo. Según el diario 5 Días, en la primera mitad de 2024, la clase media paraguaya representaba el 44,3% de la población, lo que equivale a 2,7 millones de personas.

Este crecimiento, sin embargo, ha sido más marcado en departamentos con mayor acumulación de riqueza, como Boquerón y Asunción, mientras que las zonas más pobres aún luchan por alcanzar niveles similares de bienestar.

Es menester observar cómo la distribución de las oportunidades está controlada por una élite económica y/o política. En Paraguay, al igual que en otras sociedades capitalistas, la propiedad de los medios de producción sigue siendo un factor determinante en la estratificación social. La burguesía —los dueños del capital— tienen en sus manos el control de las industrias, el comercio y los recursos naturales, mientras que la clase trabajadora, o proletariado, se ve obligada a vender su fuerza laboral para sobrevivir en un sistema que, en última instancia, perpetúa su subordinación.

 

El popular portal independiente de noticias El Surtidor había publicado en el año 2024 un testimonio de un trabajador de Ochsi, quien era en todo sentido de la palabra, explotado a más no poder, con horarios y actividades rigurosamente controladas para que su estadía en la fábrica produjese la mayor ganancia posible.

La existencia de un modelo de Ochsi primeramente se permite por culpa del ente a quien antagonizamos, el gobierno, debido a que la falta de regulaciones estatales a este tipo de empresas permite que tengan todo tipo de agresiones y descuidos que afecten la vida de la clase trabajadora en Paraguay. Tanto como se permite debido a la necesidad económica que las familias que viven cerca de las fábricas, quienes no tienen mayor opción de supervivencia diaria más que el dar su tiempo y trabajo a una empresa, de la cual sin necesidad de caricaturizar demasiado, se puede comprobar en entrevistas, testimonios y otros artículos que francamente no ven al trabajador como algo más que una fuente de ingreso.

El Estado actúa como un instrumento de la burguesía, protegiendo sus intereses a través de políticas que benefician a los propietarios de los medios de producción y mantienen a la clase trabajadora en una posición de desventaja. En Paraguay, esto se manifiesta a través de los dos hechos previamente señalados prácticas como la contratación de funcionarios públicos sin la debida capacitación, con sueldos desproporcionados respecto a las necesidades del pueblo, como el de la falta de regulación a empresas. La clase política se comporta, en muchos sentidos, como la burguesía, asegurando su poder a través de la explotación de los recursos estatales.

La noción de hurrerismo, mencionada por Carla Fabri, resuena en este contexto, ya que describe cómo la búsqueda de poder y riqueza rápida a través de la política se convierte en una forma de ascender en la jerarquía social. En lugar de una movilidad social basada en el mérito, el acceso al poder se facilita por el servilismo hacia quienes ya ocupan posiciones privilegiadas. En este sentido, el hurrero se convierte en una figura clave en la perpetuación de un sistema donde la élite económica y política permanece en la cúspide, mientras la clase trabajadora se ve excluida de las oportunidades de progreso genuino.

El crecimiento de la clase media, aunque parece ser un avance positivo, no puede desvincularse de esta lucha. Esto sugiere que el ascenso de ciertos sectores de la sociedad no es el resultado de un sistema justo y meritocrático, sino de la concentración del poder económico y la inversión en áreas específicas, mientras que las zonas más pobres siguen atrapadas en la pobreza, perpetuando la lucha de clases.

 

¿Qué se puede hacer al respecto?


Como se mencionó al inicio de este artículo, nuestro punto de inflexión consiste en identificar esto: debemos dejar de ver las injusticias y contradicciones estructurales como meros accidentes paralelos a nuestra realidad, sino como el panorama que define nuestro día a día. Este paradigma debe servir luego como filtro para analizar las ideas que nos transmiten tanto los políticos como nuestro círculo cercano. Así, seremos conscientes de que sus discursos no se alinean con la realidad, sino con su propio ideal, el cual probablemente solo beneficia a unos pocos que cuentan con facilidades determinadas para ascender socialmente.

lunes, 7 de abril de 2025

Arte IA y el Arte Hegemonico vs la expresión propia

El Arte IA y el Arte Hegemónico vs la Expresión Propia






Este artículo no se centra en la reciente controversia sobre las imágenes generadas por IA en el estilo de Studio Ghibli. Como aficionado del estudio y de su principal figura, Hayao Miyazaki, considero que los debates sobre impacto ambiental y laboral ya han sido ampliamente discutidos. Además, no pretendo juzgar a quienes han utilizado estas herramientas ni atribuirles intenciones maliciosas que no puedo conocer.


Más allá de esta polémica puntual, lo que merece atención es cómo la proliferación del arte IA refuerza una idea hegemónica del arte. Si observamos las múltiples imágenes generadas y compartidas en redes, aunque resulte incómodo admitirlo, muchas de ellas se acercan a lo que culturalmente se percibe como una "visión ideal del arte". A pesar de la sensación de vacío que generan, son ampliamente utilizadas por su precisión estética y porque replican estilos reconocidos.


Se malinterpreta el aspecto humano del arte cuando se reduce a "hecho por un ser humano" en lugar de centrarse en las emociones y la expresión personal que conlleva. El arte no es perfección académica ni acceso restringido, sino la capacidad de transmitir algo propio. Sin embargo, la sociedad ha impuesto una visión limitada donde lo "bello" o "correcto" según ciertos cánones tiene más valor que la autenticidad. Esto influye tanto en la percepción individual como en las estructuras que determinan qué se considera arte.


Esta tendencia ha llevado a ignorar formas de arte que se alejan de lo impuesto. La referencia predominante en muchos campos ha sido el arte europeo, relegando otras manifestaciones como el arte nativo, el arte popular o incluso las creaciones espontáneas de personas sin formación académica. Desde una escultura ancestral hasta un dibujo improvisado por un niño, todas estas expresiones tienen valor, pero quedan opacadas cuando solo se valora lo validado por el sistema.


El problema no es que el ser humano no aprecie el arte, sino que ha sido condicionado para valorar solo ciertas formas estandarizadas de él. Mientras esta mentalidad persista, se seguirá reproduciendo la idea de que solo un tipo de arte merece reconocimiento.


La proliferación del arte IA refuerza esta tendencia de imitación sin innovación ni expresión propia. Nos aleja de comprender el arte como una herramienta de comunicación genuina y nos empuja a ser consumidores de estética sin significado.


El arte no necesita ser impecable ni responder a los estándares de la academia para tener valor. Solo necesita transmitir algo. Si nos dejamos arrastrar por una visión donde el arte es solo una imitación de lo ya establecido, corremos el riesgo de olvidar que, en su esencia, el arte pertenece a quien lo crea, no a las normas impuestas por un sistema.



La totalidad del siglo XX en la obra de Günter Grass: La conmovedora obra del siglo XX Aleman.



Mi siglo está escrito por el autor Günter Grass, quien es popularmente reconocido por su enfoque narrativo, que consiste en plasmar dramas centrados, sobre todo, en cómo los civiles y las clases más bajas perciben los grandes sucesos del mundo. Esta perspectiva está fuertemente influenciada por sus experiencias personales: hijo de un veterano de guerra y, temporalmente, soldado del ejército alemán antes de dedicarse por completo a la escritura.

Desde este enfoque, es notable cómo reflejaba su faceta de activista, algo que se destaca en la biografía incluida en mi copia del libro: «Hombre político y siempre comprometido con cualquier causa justa».


Este libro se puede describir fácilmente con lo que suele mencionarse sobre él: una recopilación de cien relatos cortos que recorren todo el siglo XX. Comienza exactamente en el año 1900 con la narración de un soldado sobre el discurso patriótico del káiser dirigido a los voluntarios alemanes que parten hacia China para luchar en una guerra, y concluye en 1999 con el propio autor convocando, literariamente, a su madre para dar un discurso final sobre sus expectativas de un siglo XXI sin más guerras ni conflictos. Aquí no solo se percibe la ironía del siglo en que vivimos, sino también la de su propio siglo, marcado por revoluciones, ascensos y caídas, ambas guerras mundiales, el auge del fascismo, la Guerra Fría, la división de su país y un trágico y extenso etcétera.


En medio de todo esto se encuentran los 100 relatos, y aquí es donde Grass introduce una perspectiva que me resulta especialmente interesante: su visión, que describo como «La historia y la cultura de un país son construidas por la gente común, no solo por quienes gobiernan». Esto se evidencia en la variedad de narradores, que representan distintos rangos demográficos y estratos sociales.


Este enfoque permite una lectura que va más allá de lo literal, una meta-lectura donde se observa cómo el mundo cambia paulatinamente, año tras año, lustro tras lustro, década tras década. Las referencias, los inventos, los temores posteriores a grandes conflictos y las expectativas sobre el futuro se encarnan en estos personajes.


Lo que hace impresionante a este libro es, precisamente, la capacidad del autor de narrar en su totalidad un siglo que no vivió completamente. Grass nació en 1927, y aun así logra escribir relatos sobre pequeñas anécdotas de personas que nunca conoció personalmente. Estos relatos pueden describirse como aquellas historias que uno encuentra cuando se sumerge demasiado en Wikipedia: episodios recónditos, pero al mismo tiempo cercanos a la realidad que Grass intenta plasmar.


El libro tiene un propósito que nos concierne a todos los que valoramos la historia: la preservación de la memoria. Mi siglo no fue escrito en vano; es su última reflexión retrospectiva sobre el arduo siglo en el que nació, se educó y se movilizó. Al final, se trata de una meditación indirecta sobre el transcurso del tiempo, los acontecimientos y sus efectos en las personas. Es una perspectiva humana ante una historia que, en la educación tradicional, suele enseñarse desde una visión macro, cuando en realidad el mundo lo construyen las personas en su día a día.


Debo ser honesto también: pese a lo mucho que disfruté leyendo múltiples pasajes de la obra y a la admiración que me generó el trabajo plasmado, Mi siglo es, sin duda, una obra que puede resultar difícil de leer en ciertos momentos debido a la fugacidad de sus historias. Irónicamente —y quizás justificable por la ya extensa duración del libro—, carece de cierta profundidad en sus personajes. Grass evita un estilo introspectivo en la narración; rara vez se encuentra una construcción del tipo «Yo he pensado que...», lo que puede hacer que algunas historias sean difíciles de conectar a un nivel más personal, aunque esto es debatible según el lector.


Aun así, gracias a su formato y a la cantidad de ideas que lo sostienen, se agradece que sea una lectura relativamente accesible. Los capítulos suelen ser breves y el paso del tiempo se percibe tanto en lo escrito como en la experiencia del lector. ¿Qué puedo concluir? Antes que nada, que no se queden en las ideas que lance del libro solamente, sino que les he de invitar a disfrutar la progresión del libro con esas nociones e ideas que le di ya siendo alguien quien finalizo el libro, considero que la obra literaria de Günter Grass fue brillante y consistentemente interesante en toda la extensión de su trabajo por los motivos mencionados, pero para poder apreciarlos correctamente invito a que se lea su obra de ser posible y especialmente quien tenga un intereses por la preservación de la memoria o sea particularmente aficionado a la historia de Alemania.

Un rostro para Anna ¿Es una crítica al idealismo o solamente una comedia?

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