El Arte IA y el Arte Hegemónico vs la Expresión Propia
Este artículo no se centra en la reciente controversia sobre las imágenes generadas por IA en el estilo de Studio Ghibli. Como aficionado del estudio y de su principal figura, Hayao Miyazaki, considero que los debates sobre impacto ambiental y laboral ya han sido ampliamente discutidos. Además, no pretendo juzgar a quienes han utilizado estas herramientas ni atribuirles intenciones maliciosas que no puedo conocer.
Más allá de esta polémica puntual, lo que merece atención es cómo la proliferación del arte IA refuerza una idea hegemónica del arte. Si observamos las múltiples imágenes generadas y compartidas en redes, aunque resulte incómodo admitirlo, muchas de ellas se acercan a lo que culturalmente se percibe como una "visión ideal del arte". A pesar de la sensación de vacío que generan, son ampliamente utilizadas por su precisión estética y porque replican estilos reconocidos.
Se malinterpreta el aspecto humano del arte cuando se reduce a "hecho por un ser humano" en lugar de centrarse en las emociones y la expresión personal que conlleva. El arte no es perfección académica ni acceso restringido, sino la capacidad de transmitir algo propio. Sin embargo, la sociedad ha impuesto una visión limitada donde lo "bello" o "correcto" según ciertos cánones tiene más valor que la autenticidad. Esto influye tanto en la percepción individual como en las estructuras que determinan qué se considera arte.
Esta tendencia ha llevado a ignorar formas de arte que se alejan de lo impuesto. La referencia predominante en muchos campos ha sido el arte europeo, relegando otras manifestaciones como el arte nativo, el arte popular o incluso las creaciones espontáneas de personas sin formación académica. Desde una escultura ancestral hasta un dibujo improvisado por un niño, todas estas expresiones tienen valor, pero quedan opacadas cuando solo se valora lo validado por el sistema.
El problema no es que el ser humano no aprecie el arte, sino que ha sido condicionado para valorar solo ciertas formas estandarizadas de él. Mientras esta mentalidad persista, se seguirá reproduciendo la idea de que solo un tipo de arte merece reconocimiento.
La proliferación del arte IA refuerza esta tendencia de imitación sin innovación ni expresión propia. Nos aleja de comprender el arte como una herramienta de comunicación genuina y nos empuja a ser consumidores de estética sin significado.
El arte no necesita ser impecable ni responder a los estándares de la academia para tener valor. Solo necesita transmitir algo. Si nos dejamos arrastrar por una visión donde el arte es solo una imitación de lo ya establecido, corremos el riesgo de olvidar que, en su esencia, el arte pertenece a quien lo crea, no a las normas impuestas por un sistema.

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