La adolescencia es uno de los momentos del
desarrollo donde más susceptibles y vulnerables uno es, esa búsqueda de una
identidad y un lugar en el mundo. Un factor más catastrófico para un momento
tan delicado es como las instituciones fallan en muchos aspectos, en este caso,
el de la educación y formación académica y personal de un alumno
Hay dos fallas fatales: la de una educación que
prioriza sistemáticamente la aprobación por valores cuantificables y la falta
de ética profesional en el profesorado. La verdad, el caso que hoy quiero
compartir es afortunadamente lo menos grave de esto.
Cuando era estudiante de 2° ciclo tuve un
profesor que hablaba más de sí mismo antes que de su materia, de su posición y
visiones en las que desvalorizaba fuertemente múltiples postulaciones de
filósofos, simplificaba y renegaba teorías científicas, económicas, políticas,
filosóficas hacia un público que en muchos era su primera interacción con
algunas de estas ideas, un llamado completo a la omisión de estos temas de los
que la biblioteca, los libros escolares no hablaban ni reforzaban, pero aquella
crítica hacia la teoría de la evolución, aquella filosofía de Nietzsche o
inclusive catalogar el rap cristiano como una forma inadecuada de alabar a
Dios, un insulto mismo a un estilo de expresión por ningún motivo en específico
más allá de sus nociones.
Y, sin embargo, como él me veía afín a sus
ideas, que le expresaba verbalmente mi admiración me tenía un trato hasta
distinto, recuerdo que me presumía con otros de sus colegas como un alumno
inteligente, más que nada porque yo era afín a sus posturas personales, mas no
como alguien diestro en su materia.
Que, hablando de su materia que era música,
nunca aprendí de música al final y tampoco por sus medios, lamentablemente
muchos alumnos perdieron la oportunidad de abrirse a nuevos conocimientos e
ideas que explorar o nunca pudieron conocer el potencial que podía tener la
creación de la música, nunca pudieron inspirarse de ello, nunca me vi inspirado
en clase desde ese lado.
Que exprese que los profesores no deberían
ponerse como ídolos, estrellas o figuras de atención no significa que invalide
el uso de sus opiniones y experiencias personales, pues no veo que ambas
cuestiones sean incompatibles, el problema sucede cuando en casos como el mío,
la enseñanza es completamente remplazada por un discurso que no busca cumplir
el propósito de la enseñanza ni de la formación, donde sumado a todo ello se
dan postulaciones tan incompletas y con el propósito de desprestigiar ideas de las
que no es simpatizante, puesto que estos argumentos más bien resultan ser datos
al aire ante que análisis íntegros a las ideas expuestas, una persona solo se
queda con las ideas dadas pero difícilmente puede comunicarlas y debatirlas
sabiendo que tan poco tiene.
Esta vulnerabilidad se da en cómo nos falla el
sistema educativo en darnos los caminos y herramientas para siquiera saber cómo
filtrar los discursos dados, la mayoría de alumnos aun no asientan su sistema
de valores y creencias, carecen de una epistemología y de metodología y con
estas cosas, vuelven a casa con ideas que no terminan de profundizar, pero son
desmotivados igualmente de profundizar.
Si algo deseo para el mundo de mañana es que
profesores así recuerden su primera razón por las que son empleados, para
enseñar y enseñar sobre su materia, pues desear una mejor enseñanza aún es muy
lejano y por eso, como persona, propongo primeramente que los profesionales en
la educación vuelvan a darle importancia a su propósito primordial.
Afortunadamente, solo se trató de un caso de
deshonestidad intelectual facilitada por un sistema educativo paupérrimo y
permitida por una ética profesional cuestionable y que pude solventar en mi
desarrollo, lamentablemente estas fatales omisiones de las instituciones llegan
a cosas objetivamente peores como rozar con la salud física e intelectual de
sus alumnos.
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